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Un estudio de correlación: el Astrotest de Rob Nanninga

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captura-de-pantalla-2017-01-16-14-38-29Cuando se pregunta a un/a astrólogo/a profesional si se vería capaz de correlacionar 7 cartas natales con 7 cuestionarios cumplimentados por los nativos de estas 7 cartas, la respuesta suele ser afirmar que sí podría. Este es el planteamiento inicial de Rob Nanninga, investigador que publicó en 1996, en la revista “Correlation”, un artículo resumiendo su experiencia.

Como veremos, existe una tendencia general a esperar que la Astrología sea muy precisa y unívoca, sin embargo, la mayoría de investigaciones y pruebas a las que el conocimiento astrológico se somete, acaban frustrando toda expectativa en esa dirección. Esperamos que nuestros lectores, mayormente simpatizantes de la Astrología, sepan gestionar toda frustración y encaren los problemas desde la honradez intelectual y voluntad de querer seguir profundizando en la realidad detrás de la Astrología. La cientificación de la Astrología es un reto epistemológico mayúsculo, y la mayoría de sus fracasos se deben, a mi parecer, a una falta de comprensión ontológica de nuestra disciplina. Mientras tanto, sigamos aprendiendo de cada uno de los estudios que se hayan atrevido a contrastar el fenómeno astrológico, sigamos valientes mirando hacia el futuro, sin que la caprichosa nostalgia nos detenga, sin que la imponente realidad, evidenciadora de la calidad de nuestras expectativas, nos aplaste y nos hunda en la fantasía y el autoengaño que tanto abunda en astrólogos y astrólogas. El artículo:

El Astrotest

Una prueba difícil para astrólogos

Introducción

Los libros de astrología contienen muchas declaraciones que se pueden poner a prueba. Por ejemplo: se dice que las personas con el Sol en un signo de aire (Géminis, Libra y Acuario) son más del tipo pensante que las personas con el Sol en un signo de agua (Cáncer, Escorpio y Piscis). De este modo se puede esperar que los escépticos sean más numerosos en los signos de aire que en los signos de agua. Según mi conocimiento esta hipótesis no ha sido comprobada aún. Sin embargo, parece probable que pueda ser refutada porque muchas pruebas similares han fallado en demostrar alguna relación entre el Signo Solar y ciertos rasgos de la personalidad o vocación. (p.ej. Bastedo, R.W. 1978; Culver & Ianna, 1988; Gauquelin, 1982, 1988; Hentschel, 1985; McGervey, 1977; Startup, M. 1984; Tyson, 1980, 1984; Van Rooij, 1993).

Los Astrólogos se oponen firmemente a este tipo de pruebas. Hacen hincapié en que uno debe siempre observar la totalidad de la carta. El signo solar es sólo un factor que está influenciado por muchos otros factores astrológicos. El sistema en su conjunto no es igual a la suma de sus partes, debido a que éstas partes están a menudo en conflicto entre sí. La influencia del signo solar puede fácilmente ser neutralizada por la posición de la luna o cualquier otro factor. Por lo tanto, nunca se debe aislar un factor en particular, pero sí tratar de interpretar la totalidad de la carta.

Aparentemente, esto implica que un grupo de mil escorpiones no tengan más en común que un grupo de signos solares mixtos. Si esto es verdad, tal vez deberíamos preguntarnos por qué los libros astrológicos siguen diciéndonos que los escorpiones son seductores, apasionados, resentidos y vengativos. Tal vez debemos preguntarnos cómo los astrólogos descubrieron el significado de los diferentes signos solares.

Afortunadamente, no tenemos que debatir sobre este tema porque existen pruebas en las que los astrólogos pueden utilizar la totalidad de la carta. Me refiero a la llamada prueba de correlación. Uno de los mejores ejemplos nos conduce al investigador australiano Dr. Geoffrey Dean (1987). Utilizando el Eysenck Personality Inventory, Dean seleccionó 60 personas con un alto nivel de introversión y 60 personas con un alto nivel de extroversión. Después proporcionó las 120 cartas de las personas a 45 astrólogos. Analizando las cartas, los astrólogos intentaron identificar a los extrovertidos de los introvertidos. Los resultados fueron muy decepcionantes. Fue como si los astrólogos hayan lanzado la moneda para determinar sus elecciones. Su tasa de éxito promedio fue sólo del 50.2 por ciento.

Como se esperó, a los astrólogos no les gustó tampoco este tipo de prueba. Ellos argumentaron que necesitaban más información sobre los temas, a fin de lograr con éxito su tarea de correlación. Aparentemente, una puntuación de extrema extroversión en el EPI (Eysenck Personality Inventory) no es suficiente. Muchos astrólogos dudan de la validez-efectividad de las pruebas de personalidad. ¿Cómo podemos superar este obstáculo? La mejor manera de lograr esto, es preguntando a los astrólogos que tipo de información requieren. Esta estrategia fue utilizada por John McGrew y Richard McFall (1990), dos psicólogos de la Universidad de Indiana. El “Astrotest” que voy a analizar a continuación es similar a éste enfoque.

Ideando la prueba astrológica

En mayo de 1994 el Algemeen Dagblad, un periódico nacional holandés, publicó un artículo de Martin Boot, un ex astrólogo que ahora trabaja como psicoterapeuta. Ambos argumentaban que los astrólogos no pueden predecir. En respuesta, el astrólogo Rene Jelsma escribió una refutación que fue publicada con el titular de “El astrólogo realmente puede predecir”.

He decidido ofrecer una solución experimental a estas diferencias de opinión, invitando a astrólogos que tomen parte en el “Astrotest” de la Skepsis Foundation. Mi propuesta fue la siguiente: todos los participantes recibirán una carta natal (fecha, hora y lugar) de siete sujetos anónimos a correlacionar. También recibirán siete cuestionarios llenados por estos sujetos. Las preguntas serán elaboradas por los participantes. Los participantes tienen que descubrir cuál carta natal corresponde a cada cuestionario. Para fomentar la participación, he ofrecido 2,500 dólares a aquellos que logren corresponder las 7 cartas.

La respuesta fue mejor de lo esperado. Más de 70 personas se mostraron interesadas en participar. Les envié un cuestionario para determinar su experiencia en la astrología. También les pedí que me enviaran las preguntas que querían se les hicieran a los sujetos. Posteriormente se ofrecieron más astrólogos. Algunos de ellos suplieron a quienes no habían devuelto los cuestionarios. Decidí que el máximo de astrólogos debería ser 50 porque quería disminuir el riesgo de perder 2500 dólares. Aún sin ningún conocimiento astrológico, cada participante tenía la probabilidad de 1 sobre 5040 de ganar el dinero.

No fue fácil encontrar a los sujetos adecuados para la prueba. Escogí a personas que habían nacido en 1948, pero el presidente de la NGPA (Sociedad Holandesa de Astrólogos Practicantes), señaló que los nacidos en esa fecha se registraron con la hora completa o a la media. Por lo tanto decidí utilizar a sujetos nacidos en 1958. Después de haber obtenido sus certificados de nacimiento, utilicé un programa informático para realizar sus cartas. Entonces me di cuenta que 4 de los sujetos tenían la cúspide del ascendente cerca de dos signos. Si ellos hubieran nacido 5 minutos antes o después de la hora que se registró en su certificado de nacimiento, tendrían un signo diferente en el ascendente. Como no estaba seguro de que la hora en el certificado era realmente la exacta en minutos, me vi obligado a reemplazar a estos sujetos con unos con un ascendente menos ambiguo.

En promedio los participantes me enviaron diez preguntas para ser respondidas por los sujetos de la prueba, eliminando a quienes no formularon ninguna pregunta. Recopilé las preguntas en una lista de 25 que cubría varios aspectos de la vida de los sujetos: educación, vocación, pasatiempos, intereses, metas, personalidad, relaciones, salud, religión, etc. En adición, pregunté por fechas de eventos importantes en su vida, porque muchos participantes han mostrado interés en fechas en concreto. Finalmente, añadí 24 preguntas de opción múltiple que tomé del Eysenck Personality Inventory.

Se pidió la opinión de ocho experimentados astrólogos respecto del cuestionario, del cual no tuvieron mayor objeción. A sugerencia de uno de ellos he añadido tres preguntas de opción múltiple que cubren los antecedentes familiares de los sujetos. Finalmente, los cuestionarios y la lista de los datos natales fueron enviados a unos cuantos escépticos, quienes intentaron encontrar la correlación. Uno de ellos logró encontrar tres correspondencias, no había ninguna razón para sospechar que cualquiera de las correlaciones fuera identificada mediante el uso de pistas ocultas.

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Expectativas contra resultados

Al inicio, en diciembre de 1994, todos los datos fueron enviados a los 50 participantes del Astrotest. Ellos tendrían 10 semanas para completar la prueba. Les permití formular una pregunta adicional después de estudiar los gráficos, pero sólo una persona lo hizo.

Eventualmente, 44 astrólogos completaron la prueba. Muchos de ellos tenían amplia experiencia. La mitad de ellos habían leído por menos 50 libros de astrología. Tres cuartos de ellos habían tomado un curso en astrología y un cuarto de ellos había impartido cursos de astrología. Al menos la mitad de los participantes había analizado alrededor de 100 cartas astrológicas y un tercio de ellos recibió pago por el servicio. Un cuarto de ellos eran miembros de la Sociedad Holandesa de Astrólogos Practicantes (NGPA).

Se les preguntó a los astrólogos que indicaran cuántas correlaciones creían que habían logrado. Hubo 36 participantes que revelaron sus expectativas. La mitad de ellos predijo que habían correlacionado a todos los sujetos con las cartas correctas. Sólo 6 astrólogos señalaron haber correlacionado menos de 4 cartas.

De hecho, el astrólogo más exitoso logró solo 3 correlaciones, mientras que la mitad de los participantes (22) no logró correlacionar ninguno. El número promedio de las correlaciones fue de 0.75. Esto es .25 por debajo de la medida de expectativa de probabilidad (MCE), una variante que no es significativa. Por otra parte, no hubo evidencia de que los astrólogos más experimentados hicieron mejor trabajo que los principiantes.

Es interesante comparar los resultados de los participantes entre sí. Porque todos ellos habían recibido la misma información, uno espera respuestas similares. En realidad, la falta de acuerdo fue sorprendente. Cada una de las 7 cartas pudo haber sido correctamente relacionada con los siete cuestionarios. De las 49 posibles combinaciones, ninguna fue selecta más de 12 veces. Era como si los astrólogos lo hubieren hecho al azar.

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Excusas inciertas

Posteriormente envié a todos los participantes un pequeño cuestionario para averiguar más sobre el impacto de sus resultados negativos. 9 de los 22 encuestados confesaron que estaban sorprendidos por la falta de acuerdo de los participantes. Cuatro admitieron que las posibilidades de la astrología eran entonces más limitadas de lo que habían pensado, y siete llegaron a la conclusión de que la astrología sólo funciona en la práctica real. Sin embargo 16 astrólogos aún creen que la astrología puede ser comprobada por la ciencia.

Pregunté a los astrólogos cuáles pudieron ser los factores responsables de los resultados tan decepcionantes. Diez respondieron haber encontrado horóscopos muy parecidos. Indicaron que Saturno, Urano, Neptuno y Plutón se encontraban localizados en el mismo signo zodiacal. Urano por ejemplo estaba siempre en Leo. Esto no es sorprendente porque Urano necesita 7 años para moverse de un signo a otro. La diferencia de años entre los sujetos en la prueba, era necesariamente menor a 7 años, ya que los cuestionarios contenían mucha información que podría utilizarse para estimar la edad. De todos modos, los horóscopos mostraron muchas diferencias que era difícil pasar por alto.

Diez respondieron que las respuestas de los encuestados eran a menudo muy parecidas. Por ejemplo, en respuesta a una pregunta de opción múltiple acerca de su trabajo todos los sujetos afirmaban ser trabajadores confiables. Pero de nuevo, hay muchísimas más diferencias que similitudes. Por otra parte, incluso en aquellos casos en los que la mayoría de los sujetos expresaron una opinión similar, por lo general había discrepancias. Por ejemplo, aunque cuatro sujetos tenían una imaginación viva y eran aficionados a las experiencias estéticas, había un sujeto que no mostró el más mínimo aprecio por tales experiencias. ¿Por qué su carta no destacó sobre las demás?

Nueve participantes sospecharon que las preguntas no siempre se responden con la verdad. Tal vez los sujetos tenían una falta de autoconocimiento o trataron de presentar una imagen favorecedora de sí mismos. Sin embargo, a pesar de este sesgo potencial, la mayoría de las preguntas se refieren a hechos verificables. No hay ninguna razón para suponer que los sujetos mintieron sobre sus aficiones o la fecha de su boda. Incluso si todos los hechos son falsos (incluyendo las fechas de nacimiento), esto no explicaría porque los astrólogos no lograron demostrar un acuerdo mutuo.

La mayoría de los participantes (13), afirmó que los sujetos no brindaron la información suficiente. No podemos descartar la posibilidad de que el resultado azaroso se pudo deber a la falta de datos pertinentes. Hay que notar, sin embargo, que casi todos los participantes habían pedido menos información de lo que realmente recibieron. Uno podría argumentar igual de bien que por los árboles no se puede ver el bosque.

¿Existe una solución?

Si la astrología realmente funciona, debería ser posible diseñar una prueba que satisfaga tanto a los científicos como a los astrólogos. Desafortunadamente, los astrólogos nunca especifican qué tipo de prueba sería aceptable para ellos. Ellos argumentan que la investigación astrológica es muy difícil debido a que los métodos científicos son demasiado rudimentarios, insidiosos o mecánicos. Aparentemente, los supuestos efectos astrológicos son tan sutiles y difíciles de detectar que podemos preguntarnos cómo los astrólogos han sido capaces de identificarlos.

A manera de explicar la falta de pruebas objetivas, algunos líderes astrólogos holandeses (Van Assem, 1993) han recurrido a lo paranormal. Ellos creen que los astrólogos sólo pueden llegar a la interpretación correcta de una carta utilizando su alta intuición o sintonizando con el orden cósmico. Esta intuición sólo puede ser utilizada en las consultas auténticas. Tan pronto como un científico interfiere mediante la selección de clientes o plantear preguntas, ésta desaparece. Presumiblemente los científicos no son parte del orden cósmico.

De acuerdo a Geoffrey Dean y Arthur Mather (1994), los científicos y astrólogos están en conflicto sobre si la astrología funciona porque tienden a tener enfoques distintos: los científicos están más preocupados por la precisión mientras que los astrólogos más por la satisfacción del cliente. Los astrólogos tienden a creer que si sus clientes están satisfechos es porque la astrología es precisa. Esto implica que los clientes estarían menos satisfechos si el astrólogo hubiera utilizado una fecha de nacimiento incorrecta. La astrología está en conflicto con la ciencia siempre que sus afirmaciones son puestas a prueba. Un número cada vez mayor de astrólogos logran escapar del escrutinio científico limitándose a dar declaraciones que no pueden ser falsificadas. Afirman que un horóscopo sólo puede proporcionar información acerca de nuestra vida interior, la naturaleza básica, la verdadera realidad, el potencial oculto, las más profundas aspiraciones, miedos y razón inconscientes, traumas olvidados y posibilidades para el desarrollo a futuro. La astrología, dicen, da una idea del significado y la calidad de nuestras experiencias subjetivas situándolas dentro de un marco de referencia cósmica. Que nos dice por qué somos como somos, puede aclarar nuestros problemas y nos ayuda a encontrar soluciones – pero no puede predecir nuestro comportamiento. Las interpretaciones astrológicas no necesariamente tienen que converger con la introspección de la persona involucrada, así que nada puede demostrar que la astrología sea equívoca.

Los astrólogos más “progresistas” corresponden a la astrología como una herramienta de asesoría. Para ellos, el horóscopo es solo una herramienta terapéutica y no una fuente de información estable.

Referencias

  • Bastedo, R.W. (1978). An empirical test of popular astrology. Skeptical Inquirer, 3(1), 17-38.
  • Culver, R.B. & Ianna, P.A. (1984). Astrology: true or false? Buffalo: Prometheus.
  • Dean, G. (1987). Does astrology need to be true? Scientific Inquirer, 11(3), 257-273.
  • Dean, G. & Mather, A. (1994). Is the scientific approach relevant to astrology? Correlation, 13(1), 11-18.
  • Gauquelin, M. (1982). Zodiac and personality: an emperical study. Skeptical Inquirer, 6(3), 57-65.
  • Gauquelin, M. (1988). Written in the stars. Wellingborough: Aquarian Press, p. 252.
  • Hentschel, U. & Kiessling, M. (1985). Season of birth and personality: another instance of noncorrespondence. Journal of Social Psychology, 125(5), 577-585.
  • McGervey, J.D. (1977). A statistical test of sun-sign astrology. The Zetetic, 1(2), 49-54.
  • McGrew, J.H. & McFall, R.M. (1990). A scientific inquiry into the validity of astrology.
  • Journal of Scientific Exploration, 4(1), 75-83.
  • Startup, M. (1984). Personality and planetary positions at birth: an attempted replication with ordinary people. Correlation, 4(2), 4-13.
  • Tyson, G.A. (1980). Occupation and astrology or season of birth: a myth? The Journal of Social Psychology, 110, 73-78. Tyson, G.A. (1984). An emperical test of the astrological theory of personality. Personality and Individual Differences, 5(2), 247-250.
  • Van Assem, L. (1993). The astrologer’s philosophy of life. Correlation, 12(1), 52-54.
  • Van Rooij, J.J.F. (1993). Jungian typology and astrology: an emperical test. Correlation, 12(1), 28-32.

……….

Fuente: Rob Nanninga. “Correlation, Journal of Research into Astrology”, Northern Winter 1996/97, 15(2), p. 14-20.

Traducción: Ina Martínez

Revisión: AE

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