Superando la Crítica de Heron a Tarnas: el modelo SPAR

A menudo, la astrología y la ciencia parecen dos vecinos que no se soportan: uno vive mirando al cielo buscando dioses y el otro mira al suelo buscando datos. Mi propuesta, que llamo Psicoastronomía, nace de un intento de sentarlos en la misma mesa. Y para hacerlo honestamente, mi punto de partida no es defender la tradición a capa y espada, sino aceptar una verdad incómoda: tienen razón los escépticos en muchas cosas.

El filósofo John Heron lanzó una crítica demoledora contra la astrología moderna: dijo que, a menudo, no es más que un sistema de reglas rígidas que nos tiende trampas mentales. Nos hace ver patrones donde solo hay azar. Y yo, como astrólogo, le doy la razón. Si no tenemos cuidado, la astrología es una «intoxicación» intelectual. Pero, ¿significa eso que debemos tirarla a la basura?

Yo creo que no. Lo que propongo con el Modelo SPAR es dejar de verla como una religión y empezar a verla como una física de sistemas.

Con el propósito de comunicar este modelo, he preparado dos textos: uno divulgativo y otro más técnico (a nivel psicológico, filosófico y físico). Puede ser buena idea empezar por el divulgativo antes del técnico.

  • Si prefieres conocer mi propuesta desde una perspectiva técnica y rigurosa, te dejo aquí el artículo en PDF: LEER AQUÍ.
    • Recomiendo que pases a descargarte el pdf en unos días pues suelo hacer correcciones durante los primeros días.
  • Y si prefieres algo más ligero y sintético, sigue leyendo:

1. Las dos capas de la realidad

El mayor miedo que tiene la gente racional frente a la astrología es el determinismo: la idea de que «los planetas te obligan» a ser de una forma o a que te pasen cosas. «Si tengo a Saturno aquí, estoy condenado». Eso es falso.

Para entender cómo funciona realmente, debemos imaginar que la realidad tiene dos capas que operan a la vez:

  1. La Capa 1 (El Contexto Inmediato): Es tu realidad tangible. Tu economía, tu salud, tu cultura, si tienes hambre o frío. Esto tiene un poder causal directo. Si no comes, tienes hambre. Punto.
  2. La Capa 2 (El Clima Astrológico): Esta capa no causa eventos. No es un rayo que cae del cielo para que te rompas una pierna o te enamores. Funciona como un gradiente energético.

La metáfora del velero: Por qué los astros inclinan pero no obligan

La mejor forma de entender esto es imaginar que tu vida es navegar en un velero.

  • Tú (Tu voluntad): Eres quien lleva el timón. Tú decides el destino.
  • Tu Contexto: Es el estado del barco. Si tu barco tiene agujeros (crisis económica, mala salud), navegarás peor, digan lo que digan los astros.
  • Lo Astrológico: Es la dirección del viento y la corriente.

Aquí está la clave: El viento no decide tu viaje, pero determina el coste de energía. Si tienes un tránsito planetario favorable, tienes «viento de cola». Avanzar hacia tu objetivo es energéticamente barato. Casi no tienes que esforzarte. Si tienes un tránsito tenso, tienes «viento en contra». ¿Significa que no puedes avanzar? No. Puedes llegar al mismo sitio, pero te costará el triple de esfuerzo, sudor y gasolina.

El error del determinismo astrológico es creer que el viento dirige el barco (falso). El error del escepticismo radical es creer que se puede navegar ignorando la física de los fluidos y las corrientes.

En el Modelo SPAR, la libertad (tu agencia) reside en cómo navegas esas condiciones. Un buen marinero no se queja del viento; ajusta las velas. La astrología deja de ser adivinación para convertirse en un mapa meteorológico del tiempo: te dice cuándo «innovar» será barato (Urano) o cuándo «construir estructuras» tendrá el viento a favor (Saturno).

Otra forma de entenderlo es la siguiente: pensemos en una habitación con una bola en el centro. La causalidad clásica sería golpear la bola para que se mueva. El modelo SPAR propone que el tránsito no toca la bola, sino que inclina el suelo de la habitación. Si el suelo se inclina a la izquierda, la bola no está ‘obligada’ a rodar hacia allí (podría subir la cuesta con esfuerzo), pero rodar hacia la izquierda se vuelve conductualmente más barato. El tránsito no empuja, simplemente altera la economía energética del entorno.

2. De Dioses a Biología: El Giro Naturalista

Si en la primera parte vimos que la astrología no es un destino escrito en piedra sino un mapa del «clima» energético, ahora toca responder a la pregunta del millón: ¿Cómo funciona esto? Si descartamos la magia y los espíritus planetarios, ¿qué nos queda?

Aquí es donde aplico lo que llamo el Giro Naturalista. La idea es sencilla pero radical: apliquemos la navaja de Ockham. Si podemos explicar la conexión entre el cielo y la tierra sin inventarnos dioses, hagámoslo.

Los Arquetipos son tu «Hardware» Biológico

Olvidad por un momento a Marte como el «Dios de la Guerra» o a Saturno como el «Anciano del Tiempo». Esas son solo etiquetas culturales, dialectos locales para describir algo universal. En el Modelo SPAR, los arquetipos son funciones biológicas adaptativas.

La evolución nos ha diseñado con un software de supervivencia. Todos los seres humanos, nazcan donde nazcan, necesitan:

  • Autoafirmarse y defenderse (Función Marte).
  • Poner límites y estructurar su vida (Función Saturno).
  • Tener un centro de identidad coherente (Función Sol).

No es que el planeta Marte te envíe un «rayo de agresividad». Es que tú ya tienes esa función instalada de fábrica porque la necesitas para sobrevivir. Lo que hace el planeta es actuar como un marcapasos externo que le dice a esa función cuándo activarse o desactivarse (y no lo dice de una forma imperativa, ojo).

El Secreto es la Sincronización (No la Magia)

Pero, ¿cómo se conecta ese planeta lejano con mi biología interna? La respuesta no es esotérica, es física: Sincronización de Osciladores (o Entrainment).

Imaginad una habitación llena de relojes de péndulo (metrónomos) colocados sobre una misma tabla de madera. Al principio, cada uno va a su ritmo. Tic, tac, caos. Pero al cabo de un rato, sin que nadie los toque, todos empiezan a latir al unísono. ¿Por qué? Por economía energética. Es físicamente más «barato» para el sistema vibrar junto que luchar contra las vibraciones de los demás.

Mi hipótesis es que el Sistema Solar es esa gran tabla de madera. Nosotros somos pequeños metrónomos biológicos que, por pura eficiencia física, nos hemos sincronizado con los grandes metrónomos cósmicos.

Cronobiología Escalar: Más allá de la Luz

La biología ya acepta esto con el Sol: la luz solar actúa como un zeitgeber (dador de tiempo) que sincroniza nuestro sueño. Pero, ¿y los otros planetas que no dan luz?

Aquí entra la ciencia de vanguardia. Estudios recientes (Helfrich-Förster et al., 2025) han demostrado que los humanos tenemos relojes internos que se sincronizan con la Luna a través de la gravedad, no solo de la luz. Si nuestro cuerpo puede «sentir» la gravedad de la Luna para regular ciclos menstruales o de sueño, es plausible pensar en una Cronobiología Escalar:

  • El Sol sincroniza el día (corto plazo).
  • La Luna sincroniza el mes (medio plazo).
  • Saturno o Júpiter, con sus ciclos lentos y su masa gravitatoria, sincronizan funciones de largo plazo (maduración, senescencia, construcción vital).

Saturno no te envejece; simplemente marca el compás de tu proceso natural de maduración. No es un verdugo, es el reloj de pared de tu biología.

3. La Trampa del Lenguaje: Por qué tu mente ve patrones en el caos

Hasta ahora hemos hablado de biología y física. Pero para ser honestos, debemos hablar de psicología. ¿Por qué, a veces, un horóscopo malo parece describir tu vida a la perfección? ¿Es magia o es tu cerebro jugándote una mala pasada?

John Heron nos acusa de sufrir «Seducción Holonómica». Y tiene razón. Nuestra mente es una máquina de conectar cosas. Si yo te doy la regla «Saturno = Límite» y tú pierdes las llaves del coche, tu cerebro grita «¡Eureka! Saturno me ha limitado». Sientes un placer intelectual, un clic. Pero ese clic no prueba que Saturno te haya escondido las llaves; prueba que tu cerebro sabe crear marcos relacionales (RFT).

Para no caer en esta trampa, debemos entender dos conceptos clave que suelo explicar a mis alumnos.

1. La Escalera de la Abstracción

El gran drama de la astrología es que los planetas hablan en un idioma muy abstracto, pero nosotros vivimos vidas muy concretas.

Imaginad una escalera:

  • Nivel 200 (El Cielo): Aquí viven los Arquetipos. Saturno es la función pura de Contracción y Estructura. No es «malo» ni «bueno», es física pura.
  • Nivel 1 (La Tierra): Aquí vives tú. Tu realidad es «me he roto la pierna esquiando» o «me han despedido».

El problema es que el Nivel 200 (Contracción) puede bajar al Nivel 1 de mil formas distintas:

  1. Fractura de tibia: El hueso se «contrae» y limita tu movimiento.
  2. Despido: Tus recursos económicos se «contraen».
  3. Terminar una Tesis Doctoral: Has dado «estructura» final a tu conocimiento (esto es un éxito, ¡pero es el mismo arquetipo!).

El astrólogo ve el Nivel 200. Si intenta adivinar el Nivel 1 («te vas a romper la pierna») sin conocer tu contexto, está jugando a la lotería. La astrología describe el CÓMO (el adverbio: «vivirás un tiempo de contracción»), pero tu vida decide el QUÉ (el sustantivo: «una tesis o una fractura»).

2. El Problema de la Indistinguibilidad

Esto nos lleva al muro contra el que chocamos siempre. Si aceptamos que el cosmos y la sociedad están sincronizados (como vimos con los metrónomos), surge un problema diabólico.

Imaginad un triángulo amoroso de causas:

  • A: El tránsito planetario (Urano).
  • B: El contexto social/personal (Tu relación está en crisis).
  • C: El evento (Rompes con tu pareja).

Sabemos que si tu relación está mal (B), es probable que rompas (C). La astrología dice que Urano (A) también influye. Pero si Urano y tu Contexto se mueven a la vez… ¿Cómo diablos distinguimos si rompiste por culpa del planeta o por culpa de que tu relación ya estaba muerta?

Es lo que llamo Indistinguibilidad. A menudo, la astrología no añade información nueva («validez incremental»); simplemente le pone un nombre cósmico a algo que ya estaba pasando por razones terrenales. Y esto no invalida la astrología, pero nos obliga a ser humildes: muchas veces, el planeta no es la causa, es solo el reloj que marca la hora de algo que iba a pasar de todos modos. ¿O no es así exactamente?

Es el clásico problema de correlación vs. causalidad: en verano aumentan la venta de helados y los ahogamientos en piscinas. ¿Comer helado causa ahogamientos? No. Hay una tercera variable (el calor) que causa ambas. De igual modo, ¿un tránsito de Urano causa tu crisis? ¿O hay una ‘variable oculta’ (el clima social/histórico) que está causando tanto la crisis como la posición planetaria sincrónica? Este es el reto de la validez incremental que debemos resolver.

4. La Salida del Laberinto: Ciencia de Datos, Ajedrez, amor y Evolución

Hemos llegado al final del viaje. Hemos visto que la astrología no es magia, sino un sistema de sincronización física (como los metrónomos). Hemos visto que los arquetipos son funciones biológicas. Y en la parte anterior, nos dimos de bruces con el muro de la indistinguibilidad: ¿cómo demostramos que esto es real y no una ilusión cognitiva?

La respuesta es dura: no podemos demostrarlo con cartas natales y «sensaciones». Necesitamos datos fríos. Necesitamos sacar a la astrología del consultorio y meterla en el laboratorio. Aquí propongo cuatro vías para hacerlo.

1. El Experimento del Puente: La prueba del algodón

El problema de los horóscopos es que son vagos («te sentirás sensible»). Mi propuesta es ir al extremo opuesto: la Validez Discriminante.

Imaginad un experimento a doble ciego:

  1. Un astrólogo recibe tu biografía detallada, pero no sabe quién eres.
  2. Recibe dos cartas natales: la tuya (real) y una falsa (señuelo).
  3. Debe escribir dos informes intentando conectar tu vida con ambas cartas.
  4. Tú recibes los dos informes (sin saber cuál es el real).

La pregunta es simple: ¿Eres capaz de identificar tu propio informe? Si la astrología funciona, deberías reconocer tu vida en el informe real con una precisión estadística imposible de explicar por azar. Si no puedes distinguirlos, entonces la astrología ha fallado. Así de simple. No vale «resonar»; vale discriminar.

2. Ajedrez: Donde no hay lugar para la sugestión

Las biografías son subjetivas. El ajedrez no. En el ajedrez moderno, gracias a las IA como Stockfish, sabemos objetivamente si una jugada es genial o un error garrafal (blunder).

Mi propuesta, además de replicar investigaciones ya existentes al respecto, es analizar bases de datos masivas (Big Data) de partidas online de jugadores que no saben que están siendo estudiados. ¿Coinciden sus picos de genialidad o sus errores catastróficos con tránsitos tensos a su Mercurio o Saturno natal? Aquí no hay efecto placebo. El jugador no sabe astrología. Si el patrón aparece en millones de partidas, estamos ante una influencia estructural real.

3. Escuchar al Inconsciente Colectivo (IA y Lenguaje)

Y si miramos a la sociedad entera… ¿cambia nuestra forma de hablar cuando cambian los planetas? Usando Procesamiento de Lenguaje Natural (NLP), podemos analizar millones de tuits, libros y noticias.

Mi hipótesis: Durante un ciclo Saturno-Plutón (arquetipo de límite y crisis), palabras como «frontera», «muro» o «restricción» deberían volverse nodos centrales en la red semántica global. Deberían conectar conceptos que antes no tenían nada que ver (ej. «Salud» y «Policía» conectados por «Restricción»). Si esto ocurre a la vez en inglés, chino y español, estaríamos viendo la huella dactilar de una sincronización arquetípica en el lenguaje humano.

4. El Amor bajo el Microscopio: Cronobiología del Vínculo

Siempre que se habla de amor y astrología, se piensa en compatibilidad de signos. Pero hoy quiero proponeros algo diferente. Quiero que dejemos de intentar adivinar con quién nos vamos a casar y empecemos a estudiar cuándo nos enamoramos.

La hipótesis es sencilla: si la astrología describe «climas de oportunidad», entonces los grandes hitos de nuestra vida amorosa no deberían ocurrir al azar. Deberían agruparse bajo ciertas geometrías temporales, del mismo modo que las setas no salen cualquier día del año, sino cuando se dan las condiciones de humedad y temperatura precisas.

Para validar esto científicamente, propongo un experimento retrospectivo que elimine cualquier tipo de sugestión. Así es como lo haríamos: primero, necesitamos datos limpios. No nos sirve gente que sepa astrología, porque si sabes que tienes un «buen tránsito», es posible que salgas a la calle más predispuesto a enamorarte (efecto placebo). Necesitamos sujetos «ciegos» a su carta astral. Les pediremos fechas objetivas de su pasado: ¿Qué día diste el primer beso a tu pareja actual? ¿Qué día formalizasteis la relación?.

Nuestra hipótesis es que esas fechas deberían coincidir significativamente con activaciones de Venus (el arquetipo de la conexión) o configuraciones Venus-Urano (típicas de los flechazos repentinos). Imaginad que Venus es una antena en vuestra psique. La teoría dice que cuando un planeta en tránsito «toca» esa antena, la señal se amplifica y el clima es propicio para el vínculo.

Aquí viene la parte crucial. Si encontramos que te enamoraste justo cuando Júpiter tocaba tu Venus, un escéptico dirá: «¡Casualidad! También podría haber pasado cualquier otro día». Y tendría razón. Para demostrar que no es casualidad, usamos las Simulaciones de Montecarlo. Imaginad que metemos vuestros datos en un superordenador.

  • La Realidad: Tenemos tu fecha real de enamoramiento.
  • La Simulación: El ordenador crea 10.000 versiones de ti en «universos paralelos». En cada uno de esos universos, te enamoras un día diferente elegido totalmente al azar.

Luego comparamos. Si en 9.900 de esos universos aleatorios tu «yo simulado» se enamoró un día cualquiera sin ninguna conexión con Venus, pero tú (el «yo real») te enamoraste justo durante la alineación exacta… entonces tenemos algo. Hemos demostrado que tu fecha es una rareza estadística. El evento real se sale de la gráfica del azar. Si, por el contrario, los «yoes simulados» también coinciden con Venus muchas veces por pura suerte, entonces la astrología no ha superado la prueba: es solo ruido.

La Pregunta Final: ¿Por qué existe esto?

Para terminar, permitidme una reflexión biológica. Si este acoplamiento entre lo cósmico y lo humano existe, ¿qué ventaja evolutiva nos da? ¿Por qué la vida gastaría energía en sincronizarse con Júpiter?

Mi respuesta es la Diversificación de Apuestas (Bet-hedging). La vida necesita variabilidad para sobrevivir. Si todos fuéramos iguales, una sola plaga nos mataría a todos. Necesitamos individuos cautos, individuos lanzados, individuos rígidos y flexibles.

Generar esa variedad genéticamente es costoso. Mi teoría es que la vida ha hecho una exaptación: ha «hackeado» el Sistema Solar. El Sistema Solar es un generador de caos ordenado; nunca repite la misma configuración dos veces. La vida usa ese «ruido» cósmico como un barajador de cartas externo. Al sincronizar los nacimientos con este reloj cambiante, la especie se asegura de que siempre nazcan individuos con «temperamentos» (funciones biológicas) ligeramente distintos.

Así que, en última instancia, la astrología no trata sobre tu destino individual. Trata sobre la estrategia de la vida para no extinguirse, usando el cielo como un inmenso generador de diversidad.

A día de hoy, el Modelo SPAR es una metafísica que aspira a ser empírica. Pero es un primer paso para dejar de mirar al cielo buscando milagros y empezar a ver nuestra profunda conexión física con el universo.

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