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La buena ciencia astrológica: separando los efectos de los artefactos

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Ken McRitchieEsfuerzos como los Ken McRitchie son los que hacen que la astrología esté cada vez más cerca del reconocimiento que creemos que se merece.

En el artículo que hoy publicamos, titulado originalmente “The Good Science of Astrology: Separating Effects from Artifacts” y entregado al ISAR International Astrologer en Octubre de 2010, el autor explora la naturaleza ontológica y epistemológica de la astrología, así como el trato inadecuado a esta naturaleza por parte de los detractores de esta disciplina. Ante este trato, McRitchie analiza y discrimina los artefactos propios de la astrología de los verdaderos efectos, reivindicando a estos últimos.

El artículo:

………………..

Este artículo ha sido sometido a evaluación por pares, expertos en la materia a juicio del publicador. Se invita a la discusión.

Abstract

Se examinan los supuestos astrológicos en relación a la causalidad mecánica, influencia y credulidad. La máxima Hermética, ampliamente aceptada en astrología, sugiere que existen procesos simétricos que asocian matemáticamente lo micro y lo macrocósmico, y que priman sobre los mecanismos causales. La literatura astrológica sugiere que estas influencias deben ser interpretadas como interacciones entre individuos dentro de estas simetrías cosmológicas, más que como interacciones entre planetas e individuos. Dicha literatura incluso sugiere que los efectos sean evaluados por su tendencia o eminencia, lo que significa que las correlaciones deben ser agrupadas o calificadas según su magnitud, para separar objetivamente efectos de artefactos. Este método ha resultado exitoso en la investigación astrológica, y debería ser adoptado universalmente. Bajo esta luz, se ponen en tela de juicio los tests que sostienen argumentos a favor de la validación subjetiva o credulidad, y en contra de la astrología, como los tests tipo Forer, típicamente compuestos de una selección de artefactos no astrológicos que pueden hallarse en columnas de horóscopos. En su defecto, se cuestiona que cualquiera de los principales estudios empíricos que se jactan de repudiar la astrología pueda mantenerse racionalmente en pie frente a estudios más objetivos que ponen a prueba la eminencia de los efectos.

Palabras Clave: astrología, ciencia, creencia, teoría, investigación, efectos, artefactos, mecanismo, influencia, credulidad, validación subjetiva, Forer, injusto.

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A través de su larga historia, la astrología se desarrolló como tecnología a través de la observación empírica, la adopción de técnicas útiles, y el discurrir de sus ideas. Como otras tecnologías, es una disciplina diseñada para satisfacer necesidades específicas. Los astrólogos de hoy están más interesados en ofrecer un servicio de calidad a quienes ayudan que en buscar verdades universales, lo cual ha sido el quid de la ciencia moderna. A pesar de que muchos astrólogos creen que hay mucha ciencia por descubrir en lo que ellos hacen, la mayoría se satisface con que esta tecnología se desarrolle sin explicación científica (Nanninga, 1996). Para ellos, la astrología funciona bien dentro de sus propios límites de aplicación. Creen que la astrología seguirá mejorando en tanto el discurrir astrológico continúe. Sin embargo, hoy en día muchos científicos expresan su desacuerdo en aceptar a la astrología como una tecnología. Algunos de los críticos más oídos exigen demostraciones sin ambigüedades para validar a la astrología como una ciencia universal. De no ser así, insisten en que sin importar su funcionalidad práctica, la astrología debe estar simplemente equivocada. Habitualmente, para comprender una tecnología desconocida los investigadores seguirían un proceso de ingeniería inversa para extraer los reductos esenciales y descubrir cómo se supone que funciona y que debería ser puesta a prueba. Sin embargo no ha habido un esfuerzo coordinado para hacer esto con la astrología (1). Es difícil medir los largos ciclos y los complejos asuntos que la astrología maneja. Por ejemplo, un ciclo de Saturno dura 29 años y un ciclo de Neptuno dura 165 años. Medir eventos que forman parte de ciclos de tan largo plazo parece contradictorio con el tipo de mediciones que hace la ciencia, habitualmente de varios ciclos por segundo. A pesar de estos ciclos de largo plazo, la astrología depende de un cronograma certero, y tiene una preferencia por los eventos inusuales, siendo ambos factores muy difíciles de medir. Estos requerimientos un tanto extremos acarrean la cuestión teórica de si los métodos científicos serán o no capaces de verificar los preceptos astrológicos sin entrar en áreas de incertidumbre donde las creencias más estables de la ciencia serían cuestionadas. Como se puede ver en las extrañas inconsistencias en la mecánica cuántica, por ejemplo, la reexaminación de las creencias científicas puede resultar muy desconcertante. Y sin embargo, es este el material mismo del que depende la indagación científica.

Si vamos a ser serios en cuanto a la indagación científica dentro de la astrología, deberemos estar atentos a no observar a la astrología sólo desde la perspectiva de los convencionalismos científicos actuales. Debemos, en cambio, relajarnos y permitirnos ir hacia donde las premisas astrológicas nos lleven. Si este viaje tomara un giro contra-intuitivo, no quedaría anulada nuestra capacidad racional o nuestra habilidad para encontrar las mejores herramientas de evaluación. En este viaje necesitaremos suspender nuestro juicio negativo durante el tiempo que sea necesario para distinguir objetivamente entre efectos y artefactos. Luego, deberíamos estar dispuestos a desembarazarnos de falsas suposiciones que estaban obstaculizando como creencias previamente incuestionadas. Para empezar, examinaremos críticamente tres supuestos de la premisa astrológica. Estos son la mecanicidad causal, las influencias celestes, y los efectos por credulidad.

 

Mecanismos Causales

Un argumento frecuente de la ciencia es que la astrología debería ser rechazada porque no presenta un mecanismo claro, preferentemente en términos gravitatorios o electromagnéticos, que provea una relación causa-efecto entre el mundo celeste y el individual. El problema con este argumento es que los modelos causales no son necesarios para evaluar científicamente la consistencia de los patrones conductuales. La astrología usa un modelo, pero no causal, sino basado en tipos naturales de simetría. Primero, están las simetrías de los solsticios, equinoccios, horizonte, meridianos, y las fases de las posiciones entre los planetas. Estas son simetrías naturales que definen infinidad de planos matemáticos que dividen el espacio. Estos planos forman los marcos de referencia astrológicos familiarmente utilizados en occidente, conocidos como los signos, las casas y los aspectos planetarios. Además de estas simetrías, hay otro tipo de simetría que también se considera natural en astrología (2).

En la física estándar de hoy en día, se considera que el universo no tiene centro porque el hipotético Big Bang, que ocurrió cuando no había espacio ni tiempo, tiene que haber empezado en todos lados al mismo tiempo, y el espacio en sí mismo está en expansión. Por lo tanto no hay un concepto de simetría basado en un centro universal. Esta es la convención actual, pero no es la única forma posible de considerar al universo. Una consecuencia de esta convención es que contribuye a una visión limitada de la naturaleza, en la que los efectos son comprendidos sólo como resultado de mecanismos causales.

En la astrología, hay una convención diferente, en la que se considera que el individuo está en un punto en el centro del universo. Un individuo puede ser una persona o un animal, un objeto físico como un edificio o un barco, o mismo un objeto no físico, como un evento, una idea o una condición. Hay tantos universos como individuos. Esta visión relativista es la base para crear una carta natal. Puede parecer contra-intuitivo, pero no va en contra de la ciencia y tiene sus propias consecuencias. Los efectos astrológicos son comprendidos como procesos simétricos con centro en estos infinitos universos individuales.

Para entender estos procesos simétricos, necesitamos considerar la antigua máxima Hermética, aceptada como pilar fundamental de la astrología. La máxima indica: “Como es arriba, es abajo; como es abajo, es arriba”. En efecto, el mundo interno de la vida individual está correlacionado simétricamente con el mundo externo del entorno celeste. Estos dos mundos que se definen por su simetría, el interno y el externo, están unidos, y se vinculan a través del marco de referencia de la astrología. Estos marcos de referencia, más la simetría adentro-afuera,  comprenden una visión del espacio-tiempo que es plausible de evaluación mediante la observación empírica y la postulación de hipótesis falseables, al igual que los mecanismos causales. Estas estructuras matemáticas son lo que provee consistencia a la observación astrológica, y hacen la investigación posible.

El concepto de una simetría adentro-afuera no debería ser extraño al pensamiento actual, porque no es exclusivo de la astrología. Un ejemplo familiar de esta simetría puede ser visto en una imagen holográfica que se fragmenta en partes más pequeñas. El patrón que compone cada fragmento contiene una imagen del todo. Otro ejemplo es la conocida “auto-similaridad”, hallada en la geometría fractal, en la que las formas, como la de Mandelbrot o Julia, se repiten a diferentes escalas dentro del fractal. También en la mecánica cuántica, el entrelazamiento aparentemente no-localizado y el comportamiento no-causal, deben ser interpretados como simetría adentro-afuera. El efecto del observador macroscópico en el mundo externo se asocia con efectos simultáneos en el microscópico mundo interno del comportamiento cuántico. En cada uno de estos ejemplos, se observan fenómenos con características simétricas en un lugar y en otro, pero no sus causas.

En el paradigma de la ciencia normal no ha emergido una categoría para los comportamientos que podrían unificar estos familiares ejemplos, incluso a pesar de que a la luz de la máxima Hermética sugieren un tipo de simetría que de alguna forma surge de una expansión natural del espacio. Dada la confianza depositada en la realidad estadística y la erosión de la convención de la causa-efecto en la visión cuántica del mundo, estas conductas poco habituales parecen sugerir una categoría necesaria de procesos naturales que podrían describirse como simetría cosmológica. En pocas palabras, los comportamientos de los microcosmos acompañan los de sus macrocosmos, y viceversa, incluso de maneras diferentes pero complementarias.

La experiencia de la simetría cósmica, tal como es interpretada por la máxima Hermética, no necesita ser tan obvia como en las imágenes holográficas o fractales, ni tampoco se puede siempre encontrar tan fácilmente el límite que separa lo interno de lo externo. Además, la diversidad de expresiones astrológicas sugiere que los efectos de esta simetría podrían combinarse de formas diferentes y complejas. Aunque en principio, dentro de un ambiente cósmico determinado, los cambios en un límite deberían complementarse simétrica y sincrónicamente con cambios en otro límite. Está implícito en esta mirada que los efectos operacionales entre un mundo micro y uno macro, sean comprendidas mediante la observación, evaluación, e inferencia, lo mismo que cualquier ciencia empírica. A pesar de que las complicadas complementariedades de la simetría cósmica podrían ser mucho menos notorias que las clásicas simetrías con las que estamos familiarizados, podrían ser igual de prevalentes en la naturaleza.

 

Influencias Celestes

La astrología ha sido tradicionalmente discutida en términos de ‘influencias’ celestes. Si tomamos literalmente el término ‘influencias’, sugiere algún tipo de agente físico que atraviesa el espacio desde los cuerpos celestes para alcanzar y afectar las identidades y los desarrollos de las personas y los acontecimientos. Para imponer las doctrinas de la física clásica sobre la astrología, necesitamos asumir que estas influencias afectarían incluso la natividad de los objetos no-físicos a los que tradicionalmente se les aplica la astrología, por ejemplo, se pueden leer cartas para las transacciones o las ideas. Esta línea de razonamiento requiere inmediatamente una demostración de cómo la influencia física podría afectar directamente a los conceptos no físicos, lo que nos lleva de vuelta al argumento de la causalidad.

Sin embargo, si observamos cómo se desarrolla y usa la astrología en la práctica, nunca encontramos una medición física de la influencia de algún agente. Lo importante está en el gran bagaje literario que describe lo que podría ser más evidente en momentos en los que los cuerpos celestes están en distintas partes del cielo. Este bagaje de identificaciones y afirmaciones ha sido discutido y actualizado durante siglos de observación y práctica. Es conocimiento que fue inferido de la observación empírica, utilizando las prácticas tecnológicas de la astrología.

Algunas de las inferencias identificadas se conocen tradicionalmente como ‘regencias’. Este es otro término que puede ser engañoso si se lo interpreta literalmente. En la astrología, no se considera que los cuerpos celestes puedan ejercer algún poder de voluntad o control, como puede interpretarse del término ‘regente’. Sería más moderno y apropiado para estas identificaciones y estados asociados un término como ‘propiedades’. Sólo mediante su aplicación, estas propiedades pueden personalizarse, como arquetipos psicológicamente voluntariosos. Por sí mismas, estas propiedades pueden denotar fuerzas y características de la materia y los estados físicos, pero sin las humanas intenciones y personalidades, que corresponden a los arquetipos.

La identificación materialista de propiedades fue una de las más distinguidas interpretaciones de la naturaleza que la ciencia moderna ha desarrollado desde sus inicios, lo cual no se aplicó a la astrología. Aún, si esta interpretación materialista fuera aplicada a la astrología, podríamos decir que el individuo tiene el poder de reconocer y usar las propiedades astrológicas identificadas en relación a los cuerpos celestes. Si simplificamos estas propiedades a un nivel fundamental, como lo hace la ciencia, las propiedades astrológicas podrían ser interpretadas como instrumentos o herramientas que el individuo podría usar psicológicamente para adaptarse a las contingencias de la vida. Por ejemplo, podría interpretarse para el Sol un embudo, la Luna una copa, Venus un gancho, Marte una palanca, etc. (McRitchie, 2004, 2006). Semejante interpretación instrumental está alineada con la intención de muchos astrólogos actuales de dar un buen uso a las circunstancias de la vida. ¿De dónde vienen las propiedades astrológicas? ¿Cómo penetran en la persona los arquetipos planetarios? Son buenas preguntas, a las que podría no haber respuestas satisfactorias, pero primero debemos preguntarnos cómo se pueden extraer los significados astrológicos, lo que nos saca de la causalidad y nos lleva a hacer preguntas observacionales. Hemos postulado que las identificaciones astrológicas están basadas en la observación empírica, desarrolladas a través de la práctica de la astrología. Esta es una premisa razonable, a la vista del cajanegrizar que implica el uso práctico de esta tecnología. Si una práctica es exitosa, se puede usar como matriz, dejando la especulación sobre cómo funciona y cuál es su significado filosófico en una caja negra. De todas formas, en el caso de las identificaciones astrológicas, querríamos hacer la ingeniería inversa de la caja negra, y cuantificar lo que pueda ser comprendido en líneas generales acerca de las características profundas de la astrología, en relación a algún proceso natural, conocido o inmanente.

Si la astrología está basada en un sistema de asociaciones desarrolladas informalmente, a las que tradicionalmente se refiere como correspondencias, entonces bien podría haber un sistema de correlaciones formales para la misma información, inferido por la ciencia mediante la estadística. La correlación es un método matemático científico disponible para evaluar conductas donde no hay una causa mecánica o conductas instrumentalmente detectables, disponibles de ser evaluadas por otras vías matemáticas. Desde una perspectiva científica, las referencias por parte del arcaico conocimiento astrológico a influencias celestes, regencias y correspondencias, no habilitan hipótesis que puedan poner a prueba las teorías astrológicas que usan estos términos tradicionales u otros, tal como simetrías, propiedades, o correlaciones, términos que en cierto grado podrían, y probablemente deberían, reemplazar a los tradicionales. Si buscamos correlaciones, estas diferencias se volverían en gran medida semánticas, y podríamos dejar de lado supuestos que hemos asociado a los términos arcaicos. Desde una perspectiva científica, no es tan importante saber cómo los cuerpos celestes han llegado a tener propiedades astrológicas, o cómo es que existen las simetrías. Simplemente, hay algo que es observable empíricamente, como cualquier propiedad o conducta de la naturaleza.

Dando un paso atrás momentáneamente respecto a estas comprensiones, podemos apreciar que en la astrología hay múltiples universos para observar. Cada individuo es un universo. Un individuo consciente es un punto de conciencia en el centro de su universo. Esto es simplemente lo que representa una carta natal. Aunque la esencia de la astrología no esté interesada en encontrar influencias físicas, sí le interesan las influencias de tipo más bien psicológico, que serían cómo se influyen entre sí los distintos universos individuales. ¿Cómo puede un individuo influenciar y afectar a cualquier otro? Esta pregunta epistemológica es, en términos astrológicos y psicológicos, equivalente a preguntar cómo cualquier cosa material puede afectar físicamente a otra.

Para estudiar estas influencias entre los distintos individuos, necesitamos algo que sirva como vara en común para las correlaciones, que nos permita comparar objetivamente a los individuos. Si los individuos son universos, necesitamos delimitar el ambiente compartido por los universos individuales, como una especie de multiverso colectivo de estados superpuestos. El ambiente en común que buscamos no puede ser el territorio microcósmico y físico del individuo. A pesar de que dos individuos pueden estar cerca físicamente, no pueden meterse dentro de la piel del otro. Esta delimitación no puede ser compartida en su totalidad por dos individuos, ni por todos los individuos que nos interesen. Sin embargo, el terreno descrito por los planetas que rodean a los individuos es un macrocosmos adecuado, ya que es un ambiente compartido.

En el pensamiento ordinario, no es intuitiva la visión de que cada individuo se ubica en un marco de referencia inercial, con su propia configuración planetaria (incluyendo su Sol y Luna) circulando a su alrededor. Este pensamiento puede desorientar a algunas personas. Sin embargo, es una mirada perfectamente racional, y es una parte clave del precepto astrológico. Cada individuo (sea una persona, un evento, etc.) nace con su propia configuración planetaria inicial, mientras que los tránsitos planetarios, que se alinean armónicamente con las posiciones natales en el curso de sus órbitas, son comunes a todos.

En teoría, podría haber otras delimitaciones cosmológicas dentro de un continuum adentro-afuera, cuyos efectos correlativos pueden ser estudiados, por ejemplo a nivel genético. De todas formas, la astrología como disciplina toma ventaja de una delimitación cosmológica que incluye a los planetas, que es relativamente simple, estable, matemáticamente predecible y compartida. Por lo tanto puede considerarse que el macrocosmos planetario y el microcosmos simétricamente relativo de los individuos provee a la astrología de una navaja de Ockham, es decir, una estructura de referencia lo más simple posible, que se puede usar para proveer explicaciones objetivas.

La astrología estudia qué ocurre, o podría ocurrir, cuando un individuo, al cual nos referimos como el nativo, identifica a otro individuo e interactúa con él. Los astrólogos caracterizan esta interacción de varias maneras, que sugiero que pueden ser modeladas a través de la visualización de un proceso psicológico proyectivo. En este modelo, el nativo proyecta sus necesidades subjetivas, caracterizadas por las propiedades astrológicas latentes asociadas con sus propios planetas natales. Estas necesidades son proyectadas en otros individuos, a los que me referiré como receptores, donde se pueden convertir en atributos arquetípicos. Esto ocurriría durante tránsitos (o durante progresiones, y otras operaciones astrológicas) cuando los planetas se alinean matemáticamente con las posiciones natales del nativo. Los receptores son personas, cosas, eventos o circunstancias que encarnan acertadamente las caracterizaciones proyectadas por el nativo. Estas caracterizaciones podrían ser percibidas por el nativo como útiles o problemáticas, atractivas o repulsivas, o actuando de forma que involucre algún fenómeno emergente identificable. A través de la interacción con los receptores, por ejemplo resolviendo conflictos o aprendiendo transacciones, en el nativo se imprimen propiedades planetarias que son interpretadas como provenientes de los receptores. Las propiedades interpretadas psicológicamente se desprenden de un individuo hacia el otro, y se convierten en nuevos componentes de la identidad.

Entonces, lo que referimos como influencias planetarias, no provienen directamente de los planetas, sino que son experimentados a través de las interacciones proyectivas entre individuos receptores. En los casos en que el nativo sea algo no-vivo o no-material, las proyecciones del nativo pueden ser hechas a su nombre por parte de otros individuos interesados. Esta visión proyectiva es una clarificación importante porque el concepto astrológico de la influencia planetaria es anti intuitivo a menos que se comprenda algún tipo de modelo proyectivo psicológico. En la astrología, son los individuos los que se influyen entre sí.

Este modelo proyectivo está en sintonía con la aplicación de los principios astrológicos. Las influencias que ocurren entre el nativo y sus receptores durante la proyección son experienciadas dentro de tres ambientes naturales, que consisten en los signos, las casas y los aspectos. Para simplificar, sugeriré que esta experiencia involucra tres inteligencias: valores compartidos (en los signos), creencias puestas a prueba (en los aspectos), y finalmente, desarrollo de habilidades adaptativas (en las casas), de acuerdo con los movimientos directo y retrógrado de los planetas. Agregaré porque parecería consistente, que ambos, el nativo y los receptores, aspiran a adaptarse objetivamente a las propiedades y ambientes astrológicos de los planetas en tránsito (McRitchie, 2004, 2006).

Este modelo debe ser visto como una sobresimplificación en pos de la consistencia, pero al menos puede servir para demostrar cómo la influencia astrológica puede ser apreciada mejor como un mecanismo psicológico que como un mecanismo físico. Ofrece una ilustración conceptual de cómo los individuos parecen adaptarse a sus necesidades impulsivas de responder a cambios ambientales en el mundo compartido. Puede ayudar a explicar cómo los individuos se influyen entre sí a medida que desarrollan las habilidades necesarias para satisfacer su propia evolución social.

 

Efectos por Credulidad

La astrología es muy individualizada ya que se basa en la carta natal, y sin embargo algunas personas argumentan que las interpretaciones de la carta funcionan sólo porque contienen una sabiduría general, que es evaluada subjetivamente por personas crédulas. La validación subjetiva, también conocida como el efecto Forer, o el efecto Barnum, es la tendencia de las personas a considerar acertada una interpretación cuando parece estar hecha a medida de ellos mismos, incluso aunque la interpretación sea tan difusa que pudiera aplicarse a muchas personas.

Esta visión de la astrología que se basa en la credulidad, surge del hecho de que las conversaciones de apoyo normales, con la intención de ayudar, contienen trozos de sabiduría en forma de pequeños consejos positivos y verdaderos, y que se pueden aplicar a casi cualquiera. La gente desea este tipo de apoyo en sus vidas diarias porque satisface una necesidad. Los ayuda a visualizar cómo sus vidas encajan en un entramado social que los excede. La gente tiende a recordar estas palabras amistosas y a dejarse afectar por ellas.

No hay duda que en la consulta astrológica están presentes este tipo de sabios consejos no astrológicos que están presentes en cualquier conversación de apoyo. Numerosas veces se han replicado estudios que juntan algunas de estas palabras sabias tomadas de horóscopos para demostrar el efecto de validación subjetiva con participantes de un aula (Forer, 1949). Lo interesante del resultado es que en la actualidad hay una impresión ampliamente sostenida de que estos tests han falseado repetidamente a la astrología, ¿pero es este test válido para la astrología? Normalmente, la ciencia se esfuerza en excluir artefactos no relacionados con los datos del test, pero en el caso de los tests del efecto Forer, ha ocurrido lo contrario. Lo que se pone a prueba son los más positivos y verdaderos artefactos de la lectura astrológica. Lo mismo aplica para los tests en los que se pide a los participantes que evalúen cuán bien se aplica a ellos una interpretación de un horóscopo (habitualmente la misma para todos los participantes) seleccionada especialmente por ser de mala calidad y contener muchos de estos artefactos. No debería permitirse que los artefactos no astrológicos oscurezcan el verdadero contenido astrológico de la interpretación de cartas natales, que, como se puede ver en cualquier texto sobre astrología, es diferente para distintos factores astrológicos. Para separar y usar los factores astrológicos, y excluir los artificios no astrológicos que se hallan en muchas interpretaciones astrológicas, es necesario diseñar un test meticuloso. Un test bien diseñado podría medir cómo los factores astrológicos se asocian con efectos en una escala de magnitudes, conocida en astrología como eminencia. Ya en 1605, Francis Bacon, líder en los inicios de la ciencia moderna, parece sugerir semejante evaluación de los efectos cuando escribe, “La última regla (que siempre ha sido utilizada por los mejores astrólogos) es que no hay necesidad fatalista en las estrellas; ellas inclinan, pero no obligan”. Esto debería sugerirnos que los datos astrológicos sean cualificados o cuantificados [ranked or rated] por su peso, para mostrar tendencias o inclinaciones en los efectos correlativos. En contraste, si diseñamos un abordaje determinístico o fatalista, podemos anticipar resultados relativamente aleatorios, que requerirían muestras muy grandes para detectar incluso los menores efectos.

Por ejemplo, en estudios con doble ciego se puede puntuar el nivel de confianza en evaluaciones genuinas versus no genuinas, en individuos distintivamente diferentes. Esto se puede hacer en estudios donde los astrólogos clasifiquen varios pares de autodescripciones inventariadas de diferentes individuos, de las cuales una es genuina, en contraste con la correspondiente carta natal. Otro abordaje podría ser que los participantes del test cuantifiquen con puntaje porciones de perfiles astrológicos escritos sobre ellos mismos, a partir de dos cartas natales diferentes, de las cuales una es la suya. Un requerimiento especial en este último es que ambas cartas tengan el Sol en el mismo signo, porque las descripciones del signo solar son muy conocidas. Podría verse un efecto en cada caso, correlacionando la eminencia de la selección. En estudios estadísticos, las clasificaciones cuantificables reflejarían la relativa magnitud de resultados medibles en la evaluación de fenómenos astrológicos específicos, los cuales apuntarían hacia un efecto por eminencia en las magnitudes más altas. Por ejemplo, este método ha sido utilizado para estudiar la correlación entre la ubicación de Marte y el grado de eminencia en los deportes de los individuos (Ertel, 1988) y en el cabello pelirrojo (Hill y Thompson, 1988).

El uso de métodos cualitativos y cuantitativos eleva ampliamente el grado de sensibilidad de la correlación evaluada, incluso para efectos de poco tamaño. A pesar de que los efectos más pequeños puedan deberse a fluctuaciones azarosas o a artificios no identificados, estas posibilidades disminuyen rápidamente con cada grado de clasificación sucesivo que va en la dirección predicha. Los estudios que fueron utilizados de ejemplo, para el logro en los deportes y el color rojo del cabello, fueron apropiadamente diseñados con métodos clasificativos, demostraron efectos de eminencia estadísticamente significativos, en la dirección predicha, en estudios revisados por pares. Debido a que cada uno de estos tests ha sido numerosamente replicado con éxito, y han sido discutidos públicamente durante más de veinte años sin refutación, pueden considerarse evidencia fehaciente de efectos astrológicos (3). Se necesitarían más tests sobre distintas teorías astrológicas, usando estos tests ejemplificadores como modelo, para determinar qué es lo que hoy en día la ciencia puede respaldar. El potencial efecto de validación subjetiva, así como la selección sesgada de otros artefactos no astrológicos, argumenta fuertemente a favor de la imposición de métodos objetivos que minimicen estas interferencias en toda investigación astrológica. Aún a pesar del énfasis puesto en estos efectos por algunos críticos, el uso de métodos de clasificación y cuantificación astrológica debería ser documentado con los tests tipo Forer que se presume repudian a la astrología. Más aún, en los principales estudios que han hecho declaraciones en contra de los efectos astrológicos, estos métodos han estado inexplicablemente ausentes (e.g. Nanninga, 1996; Benski et al, 1996; Dean y Kelly, 2003) (4) u oscurecidos (e.g. Carlson, 1985).

En toda investigación astrológica deberían aplicarse métodos con suficiente peso para separar efectos de artefactos, o presentar razones en caso contrario. De otra forma, no hay garantía científica de que los experimentos no estén falseados o que el criterio de éxito haya sido tan estrechamente definido, que la interpretación del resultado sólo pueda ser evidencia que apoye la hipótesis astrológica de que “las estrellas no obligan”.

 

Notas

(1). En su desarrollo como tecnología, la astrología tendió a usar métodos cualitativos más que cuantitativos. Para avanzar en este tipo de investigación, Bernadette Brady sugiere métodos más rigurosos, basados en estudios de casos, codificación positiva, teoría sólida y conjunción de patrones (Brady, 2003).

(2). Los aspectos, cuando son considerados medidas de una distancia angular entre planetas, pueden generar múltiples patrones armónicos. Una disciplina especial, que algunos investigadores llaman cibernética cósmica, compara las estructuras y frecuencias de estos patrones con evaluaciones estadísticas de datos, incluyendo índices económicos. Este concepto, que se remonta al astrólogo Johannes Kepler en el siglo XVII, ha sido desarrollado en modelos computacionales por los investigadores John Addey, Theodor Landscheidt, David Cochrane, y Richard Schulz. En aplicaciones de laboratorio, este abordaje ha revelado correlaciones inesperadas. La aplicación de Schulz para identificar tendencias, el programa de Oscilación TAO, ha demostrado gran éxito para predecir el mercado de valores (Snow, 2010).

(3). El muy discutido “efecto Marte” y otros efectos planetarios descubiertos en sus últimos años por Michel Gauquelin han sido de gran importancia en la investigación astrológica. Los estudios de Gauquelin producen correlaciones significantes entre la frecuencia de nacimiento de profesionales eminentes (escritores, músicos, pintores, médicos, científicos, etc.) y las posiciones de Marte, Júpiter, Saturno y la Luna al momento de su nacimiento. Las posiciones con un efecto más sensible son en el Ascendente y en el cenit. A pesar de que Gauquelin no puso a prueba los efectos planetarios con escalas cuantitativas de suficiente peso, postuló que esos métodos deben demostrar un efecto más pronunciado (Gauquelin, 1955, 1988). Así como los pioneros estudios de Gauquelin merecen ser reconocidos, desearía enfatizar métodos más poderosos que clasifican rasgos y conductas en una escala. La aplicación de estos métodos de cualificación y cuantificación (Ertel, 1988, 1996) ha mejorado significativamente la detección del efecto Marte en datos previamente recolectados por Gauquelin y otros investigadores (e.g. Benski et al, 1996), tal como Gauquelin había predicho.

(4). Dean y Kelly no citan la fuente de datos de sus “gemelos del tiempo”, aparentemente una investigación con fondos gubernamentales. Este estudio, que es modelo de un abordaje de la astrología altamente determinístico y fatalista, sin métodos de cualificación ni cuantificación es narrado en poco más que dos párrafos en su largo artículo “¿Es la astrología relevante para la Conciencia y lo Psicológico?”. Los pedidos a Dean y Kelly por correspondencia personal para que suministren la fuente desconocida han sido rechazados.

 

Referencias

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  • Snow, Edward (2010). “Finally: An Effective New Way to Test Astrology!” Reimpreso de The Mountain Astrologer. The AstroResearch News Service. http://www.astroresearchnewsservice.com/Articles.html recuperado el 2010-12-21.

Biografía

Ken McRitchie es un poeta canadiense, astrólogo, naturalista amateur y escritor técnico. Ha sido editor entre 1985 y 1989 de Above & Below: Journal of Astrological Studies y es el autor de Environmental Cosmology:Principles and Theory of Natal Astrology. Su página web es www.theoryofastrology.com y su email ken@theoryofastrology.com.

Traducción y revisión: Nicolás Boqué y AE

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1 comentario

  1. […] La buena ciencia astrológica: separando los efectos de los artefactos […]

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